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DOCUMENTO DEL MES DE OCTUBRE, 2017

DOCUMENTO DEL MES Nº 17, OCTUBRE 2017

TÍTULO

Expediente de arrendamiento de los abastos públicos, Taberna, tienda de abacerías y mercería; alcabala del viento y fiel medidor; y renta de aguardiente y licores para el próximo año de 1804.

 

FECHA Y SIGNATURA

Fondo Municipal, Daganzo, 1804. Sig. N/2570/7

 

COMENTARIO

Hoy presentamos un documento sobre el arrendamiento de los abastos municipales.

En el Antiguo Régimen tenían una gran trascendencia los propios municipales, bienes que poseían los concejos en régimen de propiedad privada. Algunos de estos bienes eran las tiendas destinadas a abastecer al municipio de los productos básicos.

Los ayuntamientos los arrendaban al mejor postor en subastas anuales; el adjudicatario de la subasta tenía que ofrecer el servicio bajo determinadas condiciones y a un precio fijado de antemano, pero en régimen de absoluto monopolio.

“Señalan de cuota que se ha de pagar de fijo por el abasto de vinos tres mil reales y por la tienda un mil y cien reales…”

Una vez admitida la postura y antes del remate, se daba la posibilidad de ofrecer mejoras.

“… Y se apercibió si había quién hiciese mejora a la postura hecha por Rufino López en la que ofrece novecientos reales, y dio la primera y segunda palmada, y por Josef García, vecino de ésta villa que se ofreció a pagar novecientos y cinco y dar a doce cuartos el cuartillo de aguardiente de buena calidad…”

El producto obtenido de su explotación tras la subasta y remate de los abastos y propios, representaba uno de los ingresos más importantes de la hacienda local. Los concejos destinaban su producto al sufragio de obras públicas o a aliviar la carga de los impuestos locales.

La subasta debía celebrarse con toda solemnidad en presencia del concejo en pleno y el edicto en que se anunciaba la subasta tenía que fijarse en sitio preferente, en la Plaza.

“ ..y el escribano, doy fe que he fijado en este día …en un poste de las casas de éste ayuntamiento, sitio acostumbrado al efecto y para que conste lo pongo en diligencia en virtud de la mandado que firmo en Daganzo de Arriba….”

La importancia de estos bienes de propios queda reflejada en la numerosa documentación que se conserva en el Archivo, desde 1724 hasta 1879.

Al aceptar el arriendo de los puestos, los arrendadores se comprometían a que no faltasen los productos estipulados en el contrato y a venderlos a los precios convenidos. La contrapartida era tener asegurado el monopolio: no se permitía a nadie vender productos alimenticios en el término municipal, lo que generaba conflictos con vendedores ambulantes y buhoneros que ofertaban sus géneros por la huerta y campo y también en la plaza del pueblo. La única excepción era que se admitía la venta directa por algún vecino del producto de su propia cosecha.

 

TRANSCRIPCIÓN

“Juan Martín vecino de ésta Villa Vuestra merced, compadezco y digo que hago postura a las tiendas de ésta villa de Abacería y mercería para éste año de mil ochocientos y cuatro. Tengo de dar a la villa un mil y quinientos reales de vellón y para eso se me han de admitir las condiciones siguientes, es a saber. En los géneros mayores se me han de dar seis reales de bendaxe y en los demás tres reales y esto ha de ser arreglado por los señores regidores, es condición que no se de poder vender ningún arriero, aceite y jabón, más que un día en cada semana y esto ha de entenderse por mayor…y se ha de entender que en vendiendo uno en la semana no pueda vender otro en ella hasta otra, es condición que ningún cajero o longuista pueda vender ni chocolate y bizcochos, hilos y sedas….que no pueda vender ningún vecino más que por mayor de los géneros siguientes que son: garbanzos, judías arroz, mantequilla y tocino, aceite, pescados secos, lentejas, castañas y otros géneros, si vendiesen por mayor me han de dar por cada una arroba lo que a mi se me señale de cada un género lo que se me señale de bendaxe no siendo cosa de su cosecha. Es condición que admitida que sea ésta no se me precise abastecer o sea verificar el remate en público. También me obligo a dar cien reales de vellón del nuevo cargamento de Su majestad a lo que me obligo y dar fianzas a satisfacción de los que lo deban tomar….”